LA SOBREMESA #20
Lo último en cultura digital, redes y fenómenos virales: desde el último drop de Nil Ojeda que despertó el debate de la IA y el arte, hasta la nueva forma de irse de fiesta de la Generación Z. Esto es lo que está marcando conversación esta semana.📲🔥

El arte y la IA: Nil Ojeda desata el debate con su drop 023.
El último drop 023 de MILFSHAKES, presentado por Nil Ojeda y anunciado en un vídeo con Eva Hache, incendió las redes después de prometer la subasta de cuatro obras “hechas por IA”. Usuarios en redes reaccionaron indignados al creer que las piezas estaban generadas por inteligencia artificial, criticando la idea de llamar “arte” a algo sin subjetividad humana y cuestionando que pudiera venderse por miles de euros. El revuelo creció hasta que Nil reveló el giro final: las obras no estaban creadas por inteligencia artificial, sino por cuatro artistas españolas que se llaman IA (un nombre real que comparten 218 mujeres en España), destapando así la estrategia de marketing detrás del proyecto.
La campaña abrió un debate masivo sobre el valor del arte y el papel de la tecnología, con creadores analizando cómo la percepción del público cambia cuando cree que la obra proviene de una máquina. Además, se destaca que tampoco se trata de una polémica nueva: recordando casos icónicos como el plátano de 6,2 millones o las discusiones históricas sobre el expresionismo abstracto. Para muchos creadores, la reflexión clave no era quién hizo la obra, sino qué narrativa decide el público creer.
Finalmente, la conversación evolucionó hacia un análisis más profundo sobre IA y creatividad. Creadores y usuarios destacaron cómo la percepción del público cambia según quién o qué se considere autor de una obra y cuestionaron los límites de la inteligencia artificial en el arte. Aunque algunas obras alcanzaron altos precios y la campaña consiguió visibilidad, el verdadero foco del debate fue cómo la tecnología redefine nuestra comprensión de la creatividad y plantea nuevas preguntas sobre la esencia del arte.
Colas, reventa y enfado: el vaso-oso de Starbucks se convierte en el fenómeno del año.
Starbucks ha vuelto a incendiar Internet con su nuevo lanzamiento: la Bearista Cup, un vaso en forma de oso navideño que pasó de costar 30 dólares a revenderse por más de 600 en cuestión de horas. El post oficial en Instagram superó los 26 millones de reproducciones y desató colas antes de que abrieran las tiendas en EE.UU., generando una fiebre colectiva que algunos usuarios describen como “más difícil que ganar la lotería”. La marca incluso tuvo que disculparse y confirmar nuevos lanzamientos tras admitir que la demanda superó por completo sus previsiones.
En redes sociales, el fenómeno se convirtió en conversación cultural instantánea. Para algunos usuarios, la Bearista Cup se convirtió en “el objeto más deseado de la Navidad”; para otros, en un ejemplo de FOMO mal gestionado. TikTok se llenó de vídeos de madrugones, colas y decepción por la falta de stock , alimentando un mercado de reventa descontrolado. Varios creadores señalan que ya no se habla del vaso, sino de la frustración: “si generas tanto hype, tienes responsabilidad”. La comparación con el caótico lanzamiento de Starbucks x Stanley del año pasado ha reactivado el debate sobre si esto es estrategia o mala planificación.
Pero lo más sorprendente ha sido la rapidez con la que otras marcas se sumaron a la situación. IKEA, CeraVe, Sephora y Cheetos lanzaron sus propias versiones del oso, no para vender, sino para colarse en la conversación del momento. Expertos en marketing destacan que el éxito no está en el producto, sino en su narrativa: estética adorable, nostalgia navideña, escasez controlada y una historia que la comunidad quiere compartir. El caso Bearista Cup confirma una vez más que Starbucks no solo vende vasos: vende pertenencia, emoción y la sensación de formar parte de un momento cultural global.
Adiós discotecas, hola cafeterías: la tendencia Gen Z que está reinventando la fiesta.
El soft clubbing se ha convertido en uno de los fenómenos culturales más comentados por la Gen Z, que está redefiniendo cómo se sale de fiesta. En Instagram y TikTok, creadores, marcas y medios como Vogue España exponen la nueva norma: eventos diurnos, música cuidada, interiores pensados para el bienestar y cero obligación de quedarse hasta las 4 de la mañana. Las cifras que circulan en redes (como el dato del 92% de jóvenes entre 15 y 29 que dicen preferir este tipo de experiencias) se complementan con una estética muy marcada: iluminación suave, cafés minimalistas, tiendas de ropa convertidas en pistas improvisadas y fotos que parecen editoriales. Madrid, Barcelona y Zaragoza ya acumulan ejemplos virales como las coffee parties, matcha raves o fiestas en fruterías.
En redes, el movimiento se presenta como una reacción a la cultura de la resaca eterna, el exceso y la ansiedad por el rendimiento. Usuarios celebran que estas experiencias les permiten “salir, pero sin destruirse”, conectar con gente nueva y disfrutar de música en espacios más íntimos. El concepto se vincula a tendencias como el sober curious (la Gen Z bebe un 35% menos que los millennials) y a la búsqueda pospandémica de conexión humana y autoescucha.
Pero no todas las reacciones han sido positivas. En redes también circulan críticas que argumentan que este movimiento transforma la cultura club en una versión hipercontrolada, estetizada y perfecta para Instagram. Pese a ello, la tendencia sigue creciendo y generando contenido a diario: desde raves de café hasta eventos tempraneros en panaderías. Una cosa está clara: la Gen Z no está saliendo menos, simplemente está saliendo diferente.
Teorías, memes y aclaraciones: el revuelo de Ariana Grande y Cynthia Erivo en Wicked
Los últimos días, redes sociales se han visto inundadas por videos y teorías sobre la interacción entre Ariana Grande y Cynthia Erivo, protagonistas de Wicked. Los usuarios han analizado cada gesto, desde abrazos hasta cómo se ceden el micrófono, generando especulaciones sobre una supuesta sobreprotección de Cynthia hacia Ariana. Algunos incluso han llegado a cuestionar cambios físicos en la cantante, alimentando teorías conspirativas y memes sobre la relación entre ambas y la presencia de un “embrujo” alrededor del musical.
La conversación ha estado llena de creatividad y humor, con creadores elaborando rankings de interacciones extrañas y compilaciones de momentos clave de eventos recientes. Mientras unos usuarios interpretan estos gestos como actos de poder o dominancia, otros defienden que reflejan simplemente una amistad cercana y genuina entre las actrices, con Cynthia cuidando a Ariana tras el trauma del atentado en Manchester durante uno de sus conciertos.
Ante la avalancha de especulaciones, ambas actrices aclararon la situación: Cynthia explicó que solo intentaba proteger a Ariana en un contexto de inseguridad y pánico derivados de aquel episodio, y que los gestos de cercanía no implican otra cosa que cuidado y apoyo. A pesar de esto, el contenido generado en redes, incluyendo memes y teorías, continúa circulando, demostrando cómo un fenómeno cultural puede dispararse en línea incluso cuando la realidad es mucho más sencilla y humana.
¿La fe vuelve o solo es estética? El debate que divide a la Gen Z.
La pregunta “¿la religión está de moda?” ha explotado en redes sociales, donde creadores, analistas culturales y usuarios están diseccionando por qué el catolicismo parece haber regresado al centro de la conversación. Para algunos creadores, este fenómeno no es una tendencia estética, sino una reacción generacional: jóvenes agotados del individualismo, la incertidumbre y la ansiedad buscan límites, estructura y comunidad. En TikTok abundan vídeos que plantean que la fe, en este contexto, deja de ser “anticuada” para percibirse como algo casi rebelde, un refugio emocional frente a un mundo que se siente cada vez más caótico.
Pero no todos lo ven igual. Otra parte de la conversación insiste en que este “resurgimiento” es más cultural que espiritual: una mezcla de estética religiosa, iconografía poderosa y pop culture, impulsada por figuras como Rosalía y por la fuerza visual del catolicismo en la moda y el arte. Desde desfiles de Jean Paul Gaultier hasta artistas drag reinterpretando a la Virgen, algunos usuarios analizan cómo los símbolos sagrados se resignifican políticamente y generan debates encendidos: ¿por qué se protegen más los símbolos que a las personas?, ¿dónde está la línea entre inspiración y provocación?
En paralelo, también crece la crítica interna desde voces creyentes, que recuerdan que “seguir a Dios no está de moda” y alertan de que la fe no es un accesorio estético, sino una práctica exigente. Entre teorías, análisis y polémicas, la única certeza es que la religión como símbolo, refugio o estética, está reconfigurando el imaginario digital de los últimos tiempos.
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